«Yo, el Señor, no cambio» (Malaquías 3:6).

Los cambios pueden desordenarlo todo.

Una casa nueva. Un trabajo distinto. Una persona que ya no está. Incluso un cambio bueno puede traer miedo y echar de menos lo anterior.

Hoy quizá no reconoces tu propia rutina.

Pero Dios no ha cambiado.

El mismo Dios que estuvo contigo antes seguirá contigo en lo nuevo. Su presencia no depende de una dirección, un horario o una etapa de la vida.

No tienes que adaptarte a todo en un día. Puedes despedirte de lo que termina y dar gracias por lo vivido. También puedes mirar lo nuevo sin tener todavía todas las respuestas.

Haz hoy la tarea más cercana. Conoce un poco el nuevo lugar. Llama a la persona que echas de menos. Pide a Dios sabiduría para el siguiente paso.

Cuando todo alrededor se mueve, puedes descansar en Aquel que permanece.

Para recordar hoy:

Mi vida está cambiando, pero Dios sigue conmigo.

Oración

Señor, me cuesta dejar atrás lo conocido. Acompáñame en esta nueva etapa. Dame paz para soltar, valor para avanzar y confianza en tu presencia. Amén.

Preguntas frecuentes

¿Por qué un cambio bueno también puede doler?

Porque todo cambio implica dejar algo conocido. Puedes sentir alegría y tristeza al mismo tiempo.

¿Qué puedo hacer hoy?

No intentes resolver toda la nueva etapa. Pide a Dios ayuda para el paso que tienes delante.