«El Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras» (Romanos 8:26).
Hay días en los que no sabes qué decirle a Dios.
Quizá estás cansado. Quizá te distraes. Tal vez ha pasado tanto tiempo que no sabes cómo volver.
No esperes a encontrar palabras perfectas.
Un suspiro puede ser oración.
Un «ayúdame» puede ser oración.
Quedarte en silencio delante de Dios también puede ser una forma de decir: «Aquí estoy».
Romanos 8 recuerda que el Espíritu nos ayuda cuando somos débiles. Dios entiende incluso aquello que todavía no sabes explicar.
Si necesitas palabras prestadas, abre un salmo. Lee una frase despacio y conviértela en tu oración. También puedes repetir el nombre de Jesús y descansar unos minutos.
No midas el amor de Dios por la belleza de tus oraciones. Él escucha el corazón sincero.
Para recordar hoy:
Dios me escucha incluso cuando apenas encuentro palabras.
Oración
Señor, hoy me cuesta hablar contigo. Recibe mi silencio y estas pocas palabras. Quédate cerca y ayúdame a volver a ti. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Puedo orar aunque no sienta nada?
Sí. La oración no depende de sentir una emoción especial.
¿Qué hago si no sé qué decir?
Usa un salmo, el Padrenuestro o una frase tan sencilla como «Señor, ayúdame».



