Jesús dijo unas palabras que no siempre son fáciles de escuchar:

«Amad a vuestros enemigos y orad por quienes os persiguen» (Mateo 5:44).

Es fácil leerlas cuando todo va bien.

Lo difícil es recordarlas cuando alguien te ha herido.

Quizá confiabas en una persona y te traicionó. Tal vez aún recuerdas sus palabras. Puede que lo sucedido cambiara tu vida y todavía te duela.

Jesús no mira esa herida desde lejos. Él fue rechazado, insultado y abandonado. Uno de sus amigos lo traicionó. Jesús sabe lo que es recibir el mal de otras personas.

Y aun así, no dejó que el odio llenara su corazón.

Amar no significa decir que estuvo bien

Perdonar no borra lo ocurrido. Amar a quien te hizo daño tampoco significa dejar que vuelva a dañarte.

Puedes alejarte. Puedes pedir ayuda. Si existe maltrato o peligro, puedes buscar protección y contar la verdad. Nada de eso está en contra de las palabras de Jesús.

Jesús te pide algo distinto: que no entregues tu corazón al odio.

A veces la persona sale de nuestra vida, pero sigue dentro de nosotros por medio del dolor. Recordamos la conversación. Imaginamos lo que diríamos. La herida vuelve a abrirse.

Dios quiere encontrarte también ahí.

Puedes comenzar con una oración pequeña

Tal vez hoy no puedes decir: «Ya he perdonado».

No tienes que fingir.

Puedes decirle a Dios:

«Señor, todavía me duele. No sé cómo perdonar. Pero no quiero que el rencor mande en mi vida. Ayúdame».

A veces el perdón comienza así. No con una gran emoción, sino con una oración sincera.

Después viene otra oración. Y quizá otra más.

Dios puede ir sanando poco a poco lo que todavía duele. Puede enseñarte a recordar sin desear venganza. Puede darte paz sin llamar bueno a lo malo.

Jesús camina contigo

No te castigues porque perdonar te cueste. Hay heridas que necesitan tiempo.

Mira a Jesús. En la cruz pidió perdón por quienes lo estaban hiriendo. Ese amor no nació de la debilidad. Nació de un corazón unido al Padre.

Tú también puedes acercarte al Padre como estás: enfadado, cansado o confundido.

Quizá hoy solo puedas decir: «Señor, quiero aprender a perdonar».

Eso ya es un comienzo.

Jesús no te pide que recorras todo el camino hoy. Te invita a dejar que Él camine contigo.

Oración

Señor Jesús, tú conoces el daño que me hicieron. Ayúdame a no vivir atado al rencor. Dame valor para cuidar mi vida, decir la verdad y comenzar a perdonar. Camina conmigo hasta que tu paz llegue también a esta herida. Amén.

Preguntas frecuentes

¿Perdonar significa justificar el daño?

No. Puedes perdonar y reconocer que lo ocurrido estuvo mal. También puedes mantener distancia y buscar ayuda.

¿Tengo que volver a confiar en esa persona?

No necesariamente. La confianza necesita verdad, arrepentimiento y cambios reales.

¿Qué hago si todavía no puedo perdonar?

Habla con Dios con sinceridad. Pídele ayuda y empieza con un paso pequeño. Él conoce tu dolor y no te abandona.